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Añoranzas de A Baldosa

Redacción revista eSmás | Revista eSmás Vilagarcía Nº 17

Si uno echa la vista atrás unos treinta años hacia la Rúa da Baldosa
Añoranzas de A Baldosa

Si uno echa la vista atrás unos treinta años hacia la Rúa da Baldosa, la calle hacía honor a su nombre. La calle estaba pavimentada con baldosas que fueron cambiadas posteriormente, con cierta polémica, por la piedra que sigue bajo nuestros pies en la actualidad.

Por entonces, en la década de los 80, esta época estuvo marcada por unos referentes absolutamente inolvidables, que se pueden simbolizar en primer lugar en el mítico Xesteira y sus caramuxos, que servía siempre con el imprescindible alfiler para su degustación. Se trata este de un tiempo en el que también adquirieron un gran protagonismo las croquetas de Vicente, “O Chino”, quien estaba al frente del también desaparecido Xentes. Y no nos podemos olvidar de los calamares y de las empanadillas de otro local clásico del que todavía muchos nos seguimos acordando: A Baldosa, que llevaba con orgullo el nombre de esta calle irrepetible.

Nombres como los de Xesteira, Xentes y A Baldosa, tan reconocidos para los vilagarcianos que vivieron esa época, constituyeron un verdadero ejemplo. Sus regidores fueron maestros, profesionales de los que toda una generación aprendió un arte y un oficio, personas que tienen en buena parte de los restauradores de hoy en día unos sucesores que solamente esperan estar a su altura.

Por aquel entonces las terrazas aún no eran la elección predilecta de los vilagarcianos. La estampa habitual de estos lugares eran las tertulias donde todos estaban de pie, a lo largo de los mostradores, o como alternativa sentados alrededor de las mesas habitualmente redondas. Se formaban pandillas fácilmente reconocibles por todos, creando una suerte de familiaridad que hacía que, al ver que faltaba alguno de sus integrantes habituales, el interés principal se centrase en la razón de su ausencia.

Estas peñas, en muchas ocasiones, decidían quién pagaba las consumiciones endosándoselas a quien perdiese la ronda del chinohimori, “el juego de los chinos”. Generalmente, esas consumiciones eran cuncas de vino tomadas de los barriles que, por aquel entonces, todavía eran objeto de un proceso al que se llamaba abillar.

 

Lo que se ha mantenido a lo largo de los años, sin embargo, es el hecho de que los eventos deportivos (y especialmente el fútbol) marcaron momentos de obligada cita para los habituales de la Rúa da Baldosa. Hace 30 años se veían los partidos que emitía la televisión en abierto y hacían que la gente se pegase al transistor. Ahora, eso se ha sustituido en buena parte por las conexiones a la carta.

Los partidos, junto a los encuentros familiares y a las horas de charla con amistades, supusieron una atracción en masa para asistir a los locales de A Baldosa y estas personas han sido testigos en primera persona de la gran evolución que ha experimentado esta calle con el paso del tiempo. Pero el tiempo no ha podido modificar un hecho incuestionable, que es que A Baldosa ha sido, es y será siempre el corazón de los vilagarcianos y un lugar de cita imprescindible para todas las personas que vienen de paso a esta hermosa ciudad.

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