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Castro de A Xaiba, en el Pousadoiro

Redacción revista eSmás | Revista eSmás Vilagarcía Nº 18

Continuamos nuestro particular viaje por la arqueología de Arousa y, en este caso, nos vamos a parar en el Castro de Arriba o de A Xaiba
Castro de A Xaiba, en el Pousadoiro

Continuamos nuestro particular viaje por la arqueología de Arousa y, en este caso, nos vamos a parar en el Castro de Arriba o de A Xaiba, ubicado en San Pedro de Cea. Como ya hemos comentado en un artículo anterior, en el concello de Vilagarcía tenemos al menos, además del famoso Castro de Alobre, cuatro castros más: el Castro de Aralde, en San Martín de Sobrán; el Castro de Arriba, en Trabanca Sardiñeira; el Castro do Curuto o de A Bouza, ya comentando en otro artículo; y del que hoy nos ocupamos, el Castro de A Xaiba, en San Pedro de Cea.

El de A Xaiba se sitúa en la cumbre del monte Fento, desde donde se obtiene un dominio visual muy amplio de su contorno. El yacimiento presenta una planta de forma oval, con unas dimensiones de aproximadamente 200 metros en su eje norte-sur y unos 100 metros en su eje este-oeste. Las dimensiones de la corona, por su parte, son de alrededor de 75 por 50 metros, respectivamente.

Se documentan también dos terrazas habitacionales y dos murallas. De estas últimas, una sería superior, rodeando la corona, y otra inferior que recorre todo el perímetro del castro y que rodea la segunda terraza habitacional. Esta segunda muralla presenta unas dimensiones considerables, con una altura en algunos casos de entre 50 centímetros y un metro en el interior y de entre 2 y 2,5 en la parte exterior. A partir de esta segunda muralla el castro presenta un desnivel muy pronunciado, un elemento de naturaleza defensiva, a excepción de la parte noreste, donde el castro cuenta con una pendiente es más suave. Se trata, probablemente, de su vía originaria de acceso. Las viviendas, aunque pudiera haberlas, no se aprecian debido a la enorme masa forestal presente.

Como ya hemos comentado, las casas eran de piedra y sus techos de paja y barro, sustentados en un armazón de madera. En algunas ocasiones estas estructuras se organizan en torno a un patio común formando un conjunto: vivienda, almacén o taller. El suelo suele ser de xabre, en ocasiones de barro apelmazado y raramente enlosado. Las paredes se enlucían en el interior de las viviendas para protegerlas de la humedad. Hasta la romanización serían circulares y, posteriormente, en algunos casos rectangulares.

 

No tenemos datos concretos en cuanto a la sociedad y la economía de la época ya el castro no se ha excavado, pero por otros enclaves podemos deducir que sus habitantes tenían una actividad agropecuaria y por lo tanto una dieta variada. Tenían cabras, ovejas, cerdos y vacas y cultivaban mijo, trigo, cebada o avena. También aprovechaban los recursos marinos ya que solían contar con “concheiros”, basureros donde se documentan restos de conchas de almejas, mejillones, lapas o caramujos, y es posible que también cazaran animales como jabalíes y ciervos, entre otros. Además, sus habitantes consumían productos más “exóticos” que adquirían al comerciar con el pueblo romano, tales como vino, aceite y conservas de pescado.

Hasta el año pasado no presentaba alteraciones muy graves, con la excepción de una cantera abandonada en su caraeste. Desgraciadamente, debido a los incendios del verano pasado se hicieron unos cortafuegos que afectaron especialmente a la muralla inferior. Ojalá nunca tengamos que volver a vivir una pérdida de tal calado.

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