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Entrevista a Ángel García - "El Carrito del Centro"

Redacción revista eSmás | revista eSmás Vilagarcía 52 Primavera 2026

Han cambiado muchas cosas. Cuando llegué a la Plaza de Galicia en 1977, tras el incendio del cine Cervantes.
Entrevista a Ángel García -

En este número realizamos la entrevista principal a Ángel García Blanco, gerente del mítico kiosco, conocido como El Carrito del Centro, una institución en la Plaza de Galicia que ha endulzado la vida a varias generaciones de vilagarcianos. Para comenzar, cuéntanos cuándo y cómo comenzó la actividad del carrito de venta de chocherías. 

Pues hace ahora unos 60 años. A raíz de una enfermedad de mi padre, trabajaba en una empresa de suministros, lo que eran empresas de coloniales, como las llamaban entonces, con lo cual cargaba muchos pesos y todas esas cosas. Enfermo del pulmón, estuvo unos 9 meses sin poder trabajar, con lo cual mi madre tuvo que levantar la casa.

Nos mandaron para casa de familiares y, a raíz de recuperarse, los médicos le aconsejaron que no podía hacer muchos esfuerzos. Empezó con la idea del carrito haciendo garrapiñada, quemando mucho al principio porque nadie le había enseñado nada, como los famosos pirulís de caramelo y las manzanas de caramelo, y empezó así por una enfermedad.

¿Qué recuerdos guardas de aquellos primeros años del carrito con ruedas frente al antiguo teatro Cine Cervantes? 

Éramos muy niños, tanto mi hermano como yo, y lo que más me impresionaba era las inmensas colas que había en el cine. Incluso la policía local, y después la nacional, tenían que regular las colas de la cantidad de gente que había, primero en la sesión infantil y después en la de mayores. Era un espectáculo. Muchísima gente, era la atracción del pueblo.

Tu madre Ángela Blanco, conocida como Angelita, tomó las riendas del negocio en 1981 tras el fallecimiento de tu padre, Eladio García. ¿Qué aprendiste de ella como trabajadora?

Tanto de ella como de mi padre, la disciplina, el trabajo y el sacrificio. Mi hermano durante un tiempo ayudó a mi madre mientras yo estaba en la mili. Mi vida profesional empezó en la música. A los 14 años ya tocaba en la orquesta Novedades de Villagarcía. Durante ese tiempo, quien llevaba el negocio era mi madre, con ayuda de mi hermano. De ellos aprendimos sobre todo el esfuerzo, el sacrificio y el trato. Nunca superé a mi madre en el trato con los niños y esas cosas que hacen que sea un negocio enfocado a los niños, aunque hoy tanto niños como mayores son clientes habituales.

 

 

¿Cuándo asumiste definitivamente la gestión del carrito?

Al regreso de la mili en 1984, hace ya 42 años. El que más tiempo llevo regentando realmente soy yo, y desde 1984 hasta hoy sigo al frente. Con la ayuda de mi mujer hasta que tuvo un problema de salud que la incapacita, sigo yo al frente.

¿Cómo fue el cambio de ser itinerante a convertirse en el kiosco actual de la Plaza Galicia?

Fue un cambio del día a la noche. En el carrito nos iluminábamos en invierno con un camping gas, con lo cual la luz era limitada. Pasarte a un kiosco con calefactor para los pies, aire acondicionado en verano y mejores condiciones para los productos y el chocolate fue un cambio radical. Fue sobre el año 1989.
Durante más de 50 años han cambiado mucho los productos, desde las garrapiñadas y pirulís artesanos, hasta los chicles Chain, Adams y la enorme variedad de chocolatinas y gominalas actuales. ¿Cómo has visto la transformación del consumo y la calidad de los productos de hoy?

Lo que producíamos antes era un proceso natural. Hoy hay muchísima más variedad de productos, pero no creo que sean mejores, y el consumo excesivo, sobre todo de bebidas energéticas por menores, es un problema. Me alegra que exista una ley que prohibirá su venta a menores.

El carrito no es solo un punto de venta, sino un lugar de encuentro y tertulia, acompañado muchas veces por música clásica. ¿Qué papel juega esa conversación diaria con los clientes?

Las tertulias son espontáneas. La gente se acerca. Recuerdo las antiguas barberías donde la gente iba a charlar más que a cortarse el pelo o afeitarse. Incluso dejaban al cliente con la espuma en la barba y se iban a tomar un vino. En el carrito pasa lo mismo: gente mayor sola, jubilados, vienen a charlar, porque nos conocen y hablamos de todo, incluso de política. Es la vida misma.

 

 

 

Eres un referente en la sociedad de Villagarcía. Has visto generaciones de niños pasar por tu kiosco. Muchos de ellos hoy traen a sus hijos. ¿Qué cambio ves entre los niños de antes y los de ahora?

Lo más sorprendente es la capacidad económica de los niños. Un niño de 6 o 7 años puede llegar con 50 € para comprarse sobres de cromos y defender que es su dinero. Hace 40 años eso era impensable.

Siempre he dicho que eres un termómetro de la sociedad de Villagarcía. ¿Qué ha cambiado en la ciudad?

Han cambiado muchas cosas. Cuando llegué a la Plaza de Galicia en 1977, tras el incendio del cine Cervantes, la Plaza era un bullicio de coches y personas. Hoy los domingos es una zona muerta. Los cambios en los negocios son evidentes, algunos mejores, otros peores. Echo de menos los cines y todo lo que había antes.

El carrito siempre estuvo vinculado a los cines, como el Cine Cervantes o el Cine Arosa. ¿Qué significa para ti formar parte de la memoria sentimental de la ciudad?

Mucho. Recibí a una señora mayor que recordaba venir al cine y comprar en el carrito. Son historias que se repiten y que muestran la memoria de la ciudad. He vivido anécdotas de todo tipo y el camino ha sido una transformación continua.

 

 

¿Hay alguna historia o anécdota que recuerdes con especial cariño?

Sí, aquí se celebra el festival de música clásica Clas Clas. Un día un músico extranjero me pidió una Coca-Cola, lo reconocí y estuvimos hablando,  luego contó la historia en Facebook. A raíz de eso entablamos amistad, tengo amistades hoy día en muchos lugares, como norteamericanos de Chicago. Llega mucha gente al carrito a preguntarme cosas, y también a arreglar papeles o ayudarlos con formularios. Gente mayor que tiene problemas con los móviles viene, y ahí les ayudo a entenderlos y solucionar problemas.

Este año te jubilas. ¿Cómo imaginas el carrito del centro dentro de unos años? 

El futuro es incierto, no sé si alguien seguirá con el negocio. Me gustaría que siguiese siendo algo muy parecido a lo que es hoy: un lugar donde puedas llegar y preguntar, donde clientes y amigos que viven solos puedan pasar el rato y recibir atención.

¿Qué mensaje quieres dar a las personas que se siguen acercando? 

Mi mensaje es el que representa mi trabajo, el del respeto y la amistad, tratando siempre de ofrecer algo, aunque solo sea conversación. 

 

 

 

 

 


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