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Entrevista a Franco Quintáns, diseñador de moda

Redacción revista eSmás | Revista eSmás Vilagarcía Nº 9

Soy hijo de una modista y un mariscador. Veo el diseño como un trabajo más que me encanta
Entrevista a Franco Quintáns, diseñador de moda

Franco Quintáns nació en Carril y vivió su infancia y adolescencia con vistas hacia la isla de Cortegada. Allá donde va presume de ser gallego, arousano y vilagarciano y así lo demuestra en todos y cada uno de sus diseños, que beben de la tradición y de la costumbre de la tierra. Hijo de una modista y de un mariscador encontró su inspiración en el mar y su pasión entre costuras. De hecho empezó a usar la aguja y el dedal desde muy pequeño. Especializado en moda nupcial y de fiesta, este mismo año presenta su primera línea de “pret a porter”. En 2012 fundó su propia marca en plena crisis y en el año 2014 recibió el Dedal de Oro como reconocimiento a una carrera a la que todavía le quedan muchos kilómetros de hilo y patronaje por delante.

Diseñador, modisto... ¿Cuál es la mejor forma de definir a Franco Quintáns?
Pues como “modista” (risas). La persona que hace moda es una modista, en femenino. Es así desde siempre. Un modisto es una persona que lidera una empresa del sector textil pero que no tiene que tener conocimientos de confección. Yo estudié diseño y luego me especialicé en modistería.

¿Cuándo descubrió la pasión por la modistería?
Siempre lo cuento. Mi madre es modista y desde pequeño, tanto a mí como a mis hermanos, siempre nos inculcaron esa costumbre. Cuando no había clases extra escolares íbamos al Club Carlos Maside (en aquel entonces en la Casa da Xuventude) donde hacíamos manualidades, marionetas, disfraces... Yo ayudaba a mi madre con los patrones y a poner alfileres y me empezó a gustar.

Y el momento de dar el paso llegó...
Pues lo cierto es que yo no tenía claro nada. Sabía que me gustaba lo artístico y no sabía si estudiar Bellas Artes o algo relacionado. Cuando estaba en el instituto de Carril el director decidió presentar una línea de moda que representase al centro en el evento Costa Oeste que en aquel momento se celebraba en Fexdega. Como yo era el que mejor dibujaba me encargaron a mí la colección. Hasta ese momento nunca me lo había planteado en serio. Hice la colección y gustó mucho. Empecé a hacer cosas para las compañeras que me lo pedían y también para modistas. Fue el inicio de todo. Y de eso hace ya más de veinte años...

¿Cómo ha cambiado el mundo de la moda desde aquel entonces?
Pues yo creo que antes había más formación específica. Yo doy clases en escuelas de diseño, en Barcelona y Galicia, y es cierto que sí se prepara al alumno desde el punto de vista del diseño, de la vanguardia, todo con conceptos muy ingleses. El problema es que luego la mayoría no sabe hacer un patrón base, no sabe distinguir o manipular un tejido y esa es una parte que el oficio está perdiendo. Lo que está llamando más la atención es la imagen, la pomposidad de ser diseñador, de ir de moderno por la vida y comerse el mundo. A la hora de la verdad, de llevar a cabo un producto, la gente no está preparada en estos momentos.

No deja de ser curioso que un diseñador que llega a pasarelas de todo el mundo no sepan lo más básico de la confección...
Para mí sí. En las clases que doy siempre les digo que cuando acaben de hacer diseño no hagan un máster en estilismo, sino un curso de corte y confección. Al final esa es la base de nuestro oficio. Yo coincidí en empresas con diseñadores que hacían su modelo y era la patronista, de unos 50 años y que se los comía en experiencia, la que les decía que no se podía hacer. Les faltaba precisamente ese conocimiento en confección. Cuando más opciones tenga un diseñador, más armas posee para defender su trabajo.

Franco Quintáns es de los que desafía la crisis creando su propia empresa en 2012...
(Risas) Sí, eso ha sido lo peor. Fue una época mala y costó mantenerse. Los riesgos que se asumen son muchos. Yo siempre trabajé con mi línea propia, pero siempre encaminado hacia la modistería con trabajos a medida para clientas.
La idea de sacar mi propia colección vino porque dos años antes había sido director creativo de una empresa de moda nupcial gallega. Eso me permitió desfilar en Madrid, Barcelona, Milán, París, Nueva York... y dar a conocer mi nombre. Cuando esta empresa quebró decidí que, como el nombre se conocía, era el momento de luchar por mí mismo.

Sus modelos son exclusivos. ¿Cómo es el proceso de creación? ¿Es de los que va con un bloc en el bolsillo y apunta ideas cuando se le ocurren?
Sí, siempre llevo un bloc. El proceso de creación puede surgir por cualquier cosa. Si tengo que hacer una colección para dentro de dos meses empiezo a darle vueltas a la cabeza y, de repente, escucho una canción o veo un estampado que me llame la atención y a partir de ahí empieza todo. Me informo, me documento, investigo... A veces la idea surge viendo un documental de un país, de una tribu... De hecho me gusta mucho fijarme en la vestimenta y en la cultura de los pueblos. No me quiero comparar a nadie, pero son muchos los grandes que se inspiran en la tradición para confeccionar. Yo la gallega es la que más potencio.

No solo de la inspiración vive el diseño. Hay mucho trabajo entre bambalinas...
Muchísimo. La gente piensa que esto es una fiesta, pero hay mucho trabajo, muchas horas de ordenador, de buscar información y donde inspirarse. Luego llevar la idea a la moda actual y mezclar la inspiración con la tendencia. Es un proceso largo. Tú ves el desfile y todo parece bonito y maravilloso, pero detrás hay muchas horas de trabajo.

¿Cuánto tiempo puede llevarle preparar una colección?
Pues seis meses mínimo. En “pret a porter” hay dos temporadas, en novia una, pero siempre se prepara seis meses antes.

Y lo de ser gallego, con tan buenos diseñadores como tenemos... ¿Abre o cierra puertas?
Pues mira, a mí me abrió puertas. Es una buena carta de presentación. Tenemos muchos referentes a nivel mundial.

Ha estado en pasarelas de todo el mundo... ¿Cómo se vive un desfile entre bambalinas?
En el momento en que haces un proceso de creación no solo es crear la prenda. Hay que pensarlo todo: cómo va a salir la modelo, el peinado, el maquillaje... Yo primero pienso el espectáculo. Una vez que lo tengo todo más o menos definido empiezo a crear las prendas. En un desfile hay que tenerlo todo en cuenta: la luz, la música, el maquillaje, la actitud de la modelo... Me rodeo de un buen equipo y entre todos creamos la imagen que queremos. Hay mucha gente que empieza que no tiene en cuenta todos estos factores que son muy necesarios para vender bien un producto.

¿No se enseña todo esto en las escuelas de diseño?
Pues en la mayoría no, tristemente. En la mayoría lo que enseñan es una pose, el de ir de moderno por la vida y llevar una ropa súper extravagante y creer que eres un diseñador. Todos fuimos jovencitos y fuimos extravagantes. Yo siempre digo lo mismo, somos un tronco con dos piernas y dos brazos. Está todo inventado. Lo que hay que hacer es darle un aire nuevo y crear según tu personalidad. Haciendo disfraces o carnaval no consigues nada.

¿No es entonces la extravagancia el camino para diferenciarse?
No, esa puede ser la forma de llamar la atención. El problema es que eso puede durar una o dos campañas, pero si al final no tienes un producto comercial... Yo recuerdo a un chico a que le di clase que presentó una colección que llamó mucho la atención. Era divertida y la gente aplaudía mucho. Sin embargo a la hora de votar ni ganó el premio del jurado ni el del público. Él no lo entendía. Yo le dije: “Aquí la gente puntúa el vestido. Esto no es un circo”. Lo que hay que hacer es presentar un producto con personalidad. El producto es la prenda y la suya no tenía valor. El espectáculo sí, pero eso funciona para un “showman”. Lo que tiene que gustar de verdad es la colección.

Pues en los desfiles son muchos los que creen que se peca de eso, de exceso de extravagancia y de prendas poco ponibles...
Muchas veces en un desfile lo que buscas es llamar la atención para hacer firma. Luego lo que vendes es ropa más comercial. Yo hay prendas que saco y que sé que no son vendibles. En el último desfile que presenté en Madrid había un mono de encaje totalmente bordado en cristal y transparente. Yo sé que ninguna novia se va a casar con una prenda así, pero me interesaba para cerrar el desfile porque sé que es una imagen que todos los periódicos van a sacar. Detrás de esa pequeña extravagancia siempre tiene que haber una buena colección.

¿Por qué novia y fiesta? Parece un mercado complicado...
Es complicado y fácil a la vez. Desde siempre, desde que empecé a estudiar, quise hacer esto. Yo veía que había empresas muy grandes que se dedicaban a confeccionar en el extranjero y que no iba a poder competir con ellas. Entonces pensé que tenía que buscar un producto que me diferenciase y me identificase, algo que no tuviese el resto. Aposté por trabajos a mano, bordados, encaje de Camariñas, pasamanerías al aire... todo con inspiración gallega. Yo quiero hacer costura, algo especial, y sé que en otras líneas es imposible competir con empresas con una gran infraestructura.

Exclusividad suena a caro... ¿Son los modelos de Franco Quintáns para todos los bolsillos?
Para todos, para todos, y sobre todo desde que llegó la crisis. Yo siempre intento que salgan contentas y que cuando las amigas las vean le digan: “estás maravillosa”.

El vestido de novia es quizá una de las prendas más importantes para muchas mujeres... ¿Cómo es el proceso de creación de un diseño para una clienta? Influye la personalidad, la edad...
Pues lo de las personalidades de las novias nunca tiene nada que ver. Yo a veces veo chicas por la calle que son maravillosas, que llaman la atención, y cuando se casan son las novias más clásicas y aburridas que te puedas imaginar. Crees que vas a hacerles algo especial y acaban adaptándose a lo que dice la madre, la suegra o a cómo fue la prima o la hermana. No arriesgan. Históricamente un vestido de novia era el que te hacías a medida y que tenía que ser diferente al del resto. No copiabas a nadie porque era tu día y te sentías como una reina. Yo siempre les digo que no copien a la famosa de la revista ni a su madre, que vivan su momento. Siempre hay dos o tres reuniones antes de empezar el trabajo y es ahí donde me fijo en la fisionomía, en cómo viste o habla. Me cuenta como es el evento y creamos el vestido.

Justo ahora saca al mercado una línea de “pret a porter”...
Sí, es un “pret a porter” de vestir. No es para todos los días, sino para una fiesta social como me gusta definirlo. Nos apartamos un poco del mundo novia y pensamos en las amigas que no quieren un vestido maravilloso, pero que sí pueden encontrar un top, un vestido o un pantalón que vale tanto para la boda como para salir de noche.

Y hay público en España para este tipo de producto...
En España sí, pero fuera de Galicia. Mis colecciones se entienden más fuera. Aquí cuesta un poco más, unos dos o tres años. La gente no se atreve tanto, no se arriesga. En Madrid o Barcelona tienes un público que es más abierto y también con más vida social, por lo que necesitan más ese tipo de producto. Aquí la gente se arregla para una boda y para la boda van con la “sota, caballo y rey”.

O sea, que Galicia tampoco arriesga para las bodas...
Poco. Cuando te invitan a una boda es el momento de vestirte de una manera especial. No tenemos siempre la ocasión de ir de punta en blanco. No hace falta ir con un vestido de cola, hay muchas cosas. A veces se comete el error de disfrazarse o de poner prendas de mañana cuando no son de mañana.

Actualmente la moda no puede entenderse sin internet y sin hacer mención al fenómeno de las “ego bloggers”... ¿Qué opinión te merecen?
Hay bloggers que son muy buenas, que saben vender muy bien el producto y saben de lo que hablan. Luego hay muchas niñas que simplemente son monas, se hacen su “outfit”, se sacan la foto, la cuelgan y se creen que son buenas. Me parece interesante como fenómeno en el mundo de la moda, pero también hay que tener mucho cuidado. Yo cuando hago un desfile en Madrid pocas son las bloggers que están en primera fila. Yo me quedo con las estilistas de toda la vida. Las bloggers muy buenas te cobran por asistir a una pasarela y yo no pago por eso. Casi prefiero pagar a una famosa que vaya a un evento vestida por mí y no a una blogger.

¿Es frívolo el mundo de la moda como parece o es tan solo un mito?
Es un mito, aunque también hay mucha frivolidad y tontería. Para mí es un trabajo como otro cualquiera. Todos los años cada vez que presentas una o dos colecciones es como hacer un examen. Puede salir bien o puede salir mal. Es un trabajo de muchos meses, con mucho dinero invertido. En el mundo novia puedes arriesgarte y no vender nada, con lo cual es muy duro. Yo soy hijo de mariscador y lo veo como eso, o como tener una tienda o hacer pan.

¿Cuál es el mejor canal para promocionarse? Revistas, internet, desfiles...
Ha evolucionado muchísimo. Antes eran las pasarelas, pero ahora ya no tienen tanto sentido. Es algo que te cuesta muchísimo dinero, que dura diez minutos y donde casi no se ve la colección... Es más un rollo de estar y desfilar allí que de vender. Yo de hecho este año la campaña la voy a hacer en “showroom” privado. La idea es convocar a medios, clientas, estilistas y alguna blogger para que vean el producto con detalle.

Y que una modelo luzca uno de sus modelos... ¿Sirve para la promoción?
Es importantísimo y una boda real ya sería un “chollazo”. Yo tengo un evento en junio en Madrid y unas cuantas famosas van a ir vestidas por mí y espero que la repercusión mediática sea buena. La gente lo ve en las revistas y lo quiere. A veces es absurdo, pero las famosas ayudan mucho a vender.

¿Crees que en España se viste bien?
Creo que se perdió un poquito. Por ejemplo en Vigo hace años se vestía muy bien y ahora ya no. Se volvió una ciudad aburrida. Pero los italianos es lo mismo, te los puedes encontrar muy chonis y horrorosos o con un estilazo increíble. En París es como una moda para pordioseros de lujo. Nueva York me gusta mucho.

¿Es de los que se fija en lo que lleva la gente por la calle? ¿Es capaz de desconectar?
Intento desconectar cuando estoy con amigos. Aparte que se me nota mucho cuando algo no me gusta. Levanto la ceja y cuando Franco levanta la ceja... A veces lo paso mal porque me preguntan que tal van vestidos. Entonces rápidamente visualizo algo que me gusta y lo comento. Pero sí, en general me fijo. Cuando voy en el tren o voy andando de repente veo una chaqueta, un nudo o un bordado y pienso en cómo lo puedo aplicar. Cualquier cosa te puede inspirar.

Y bien es cierto que la moda es cíclica...
Sí, todo es adaptar y reinventar y mezclar. Ahora se hace mucho lo de mezclar tejidos y estilos. Lo que antes era de noche, como los brillos, también lo ves por el día. Está todo inventado porque ya no podemos crear más prendas. No nos ha salido ningún miembro nuevo que tengamos que vestir. Todo el mundo acaba cayendo en la moda y el que diga que no miente. Aunque tengas una idea clásica esa siempre evoluciona. Un pantalón chino no es igual ahora que hace diez años, siempre cambia algo.

Al que arriesga mucho lo miran...
(Risas) Hay gente que a veces pierde un poco el norte. La moda es un poco lo que tiene, que puede perderse el norte. Todo el mundo debería tener un estilista en su casa aunque a veces también metemos la pata, no es palabra de Dios. Lo de que te miren es cuestión de mentalidad y no tiene nada que ver con lo geográfico. Eso depende de cada uno, de la cultura, de la formación o de la influencia familiar.

Ha dado clase en las escuelas de diseño... ¿Cómo vienen las nuevas generaciones? ¿Hay cantera?
Hay cosas interesantes. Conozco a jóvenes creadores de Galicia que son los que están metidos en todos los “saraos” y hay gente buena, pero es muy complicado en estos momentos salir adelante, desarrollar una industria, una empresa... La gente hace una colección, dos, y al tercer año desaparecen. Es un mundo complicado porque no hay estabilidad. De mi generación somos tres los que nos dedicamos a esto a nivel profesional. Yo no tengo ningún tipo de ataduras y si me tengo que mover para buscarme la vida lo hago. Hay mucha gente que si de repente se casa o tiene hijos pues su carrera se trunca.

Ya como consejo de estilista... ¿Qué prenda no puede faltar en ningún armario?
La camisa blanca, es un básico. Sirve para cualquier evento y para cualquier momento tanto con vaqueros como con traje o incluso con un pantalón corto en verano. Sin duda, una buena camisa blanca.

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