Logo de la empresa

Entrevista a Iria Carro, cooperante enfermera

Daniela de Amorín | revista eSmás O Salnes Nº 9

Durante tres semanas la cambadesa asistió a todo tipo de operaciones y partos complejos en Mozambique
Entrevista a Iria Carro, cooperante enfermera

La enfermera del Sergas viajó tres meses a Mozambique Está acostumbrada a trabajar a un ritmo desenfrenado y a atender casos que revisten gravedad, pues es enfermera de urgencias en el hospital de O Salnés. Pero ninguna de esas emergencias es comparable a la situación crítica que vivió durante su trabajo de cooperación en Mozambique, un país devastado por el ciclón Idai. Durante tres semanas, la cambadesa Iria Carro asistió a todo tipo de operaciones y partos complejos en una zona donde la esperanza de vida no llega a 50 años y las tasas de mortalidad perinatal e infantil son muy elevadas. En esta entrevista nos cuenta su experiencia de cooperación a través del proyecto START, puesto en marcha por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), una institución que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. 

¿Desde cuándo eres enfermera?

La verdad es que no había contado los años hasta hoy… ya han pasado quince años. Acabé en la promoción del 2004.

¿Crees que es una profesión vocacional?

Pienso que todas las profesiones de la salud son vocacionales. Trabajamos con personas que viven situaciones de vida comprometidas, con enfermedad, dolor… Con este argumento, los enfermeros debemos tener cierto interés y predisposición para poder sobrellevarlo.

Estuviste tres semanas en Mozambique de ayuda humanitaria a través de un proyecto organizado por el Ministerio de asuntos Exteriores y Cooperación. ¿Cómo conociste este proyecto gubernamental de cooperación?

Revisando mi correo electrónico del Sergas. Me encontré uno el cual había sido enviado a todo o gran parte del personal. Nos explicaban que se estaba llevando a cabo, por parte del gobierno central, concretamente por parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la creación de un equipo de respuesta médica a grandes catástrofes en países en vías de desarrollo (equipo START) , que se formaría con profesionales en activo del Sistema Nacional de Sanidad.

Nos invitaban a participar en la convocatoria pública abierta, siempre y cuando se reuniesen una serie de requisitos iniciales.

¿Cómo fue la preparación para esta experiencia?

Los 300 profesionales seleccionados recibimos una preparación teórica y otra práctica. Tuvimos que realizar una serie de cursos teóricos obligatorios sobre seguridad personal, acción humanitaria y con enfoque de género.

En una de las formaciones prácticas realizamos el montaje de las diferentes estructuras , equipamiento e instalaciones del hospital ( instalación de agua, luz, de gestión de residuos, etc…) dirigidos siempre por un equipo de logística. Una vez montado, se nos explicaban y valorábamos entre todos el equipamiento necesario para cada área, como sería el flujo de pacientes, los registros, etc.

Otra de las formaciones prácticas fue la realización de un gran simulacro europeo, en el que se hacía frente a un episodio de supuesta inundación que causaba una serie de sucesos como incidentes químicos y accidentes de tráfico.

   

¿Qué sentiste cuando pisaste territorio africano?

Era increíble pensar como unas horas de vuelo podían desplazarte bruscamente a otro mundo tan diferente. Llegamos a Mozambique, uno de los 7 países más pobres del mundo que, además, había sido devastado por la catástrofe del ciclón Idai. Árboles caídos, chabolas derrumbadas, tejados desplomados, tiendas de campaña para refugiados… Era todo lo que se podía observar desde Beira, la ciudad donde aterrizamos, hasta Dondo, la pequeña localidad donde fue instalado nuestro hospital de emergencia. Sentí que había mucho por hacer, mucho por cuidar y seguro que mucho por aprender de esta población. Tocaba ayudar a quienes lo habían perdido todo sin tener apenas tener nada. Incertidumbre y a la vez ilusión.

Entonces la situación en la zona en la que desarrollasteis vuestra actividad era completamente devastadora...

La situación era crítica. Nuestra actividad inicialmente estaba centrada en la respuesta ante la catástrofe producida por el ciclón, pero la emergencia en África es permanente.

¿Cómo fue el día a día durante la cooperación?

Cada día era intenso. Duro emocionalmente y también físicamente, a la vez que muy gratificante.

A las 5:30 nos levantábamos, desayuno “en familia” y reunión informativa diaria. A las 7 a.m. tocaba dar relevo a los compañeros del turno de noche. Teníamos jornadas de trabajo que no excedían de 3,5 horas continuas porque el calor extremo y la humedad dentro de las tiendas del hospital lo impedían. El calor llegaba hasta tal punto que los termómetros y otro aparatos de medición dejaban de funcionar.

 

     

¿Cuáles eran los principales problemas de la población que atendíais en el hospital de emergencia?

Mozambique es un país donde la esperanza de vida no llega a 50 años, las tasas de mortalidad perinatal e infantil son elevadísimas, con lo que en nuestra asistencia predominaba la atención a población pediátrica, mujeres muy jóvenes embarazadas y partos complicados. Las cirugías que se realizaban en el hospital eran principalmente ginecológicas y traumatológicas, además de cirugía general. Necesitábamos cambiar nuestra percepción para intentar adaptarnos a la cultura y los valores de las personas que atendíamos. No era tarea fácil.

¿Qué fue lo mejor de la experiencia? ¿ y lo peor?

El llegar a formar parte del equipo START fue la culminación del sueño de poder participar en acciones humanitarias de emergencia internacionales.

La falta de apoyo, compromiso y participación por parte de la Gerencia de la EOXI Pontevedra-Salnés fue y es lo peor de esta experiencia. Los integrantes del equipo somos trabajadores del S.N.S temporalmente “cedidos” por parte del Servicio de Salud de nuestra comunidad autónoma. Esto es algo que esta gerencia nunca quiso entender. A las 2 personas que pertenecemos a esta EOXI y que participamos en este despliegue (éramos en total 3 gallegos) no se nos ha reconocido el permiso correspondiente, con lo que ahora, ya de vuelta, tendremos que recuperar las “guardias no trabajadas” en nuestro hospital durante el tiempo que hicimos la cooperación. 

¿Crees que esta falta de apoyo puede hacer que el personal sanitario se lo piense dos veces antes de embarcarse en un proyecto así?

Es esencial el apoyo por parte de la gerencia y por parte del hospital donde trabajas. No pedimos nada extraordinario, sino algo que está regulado. Desmotiva y mas bien enfada que haya desigualdades incluso dentro del mismo servicio de salud y también respecto a otras comunidades autónomas, en las que fueron reconocidos los permisos. Recibimos la activación vía SMS y correo electrónico, a la cual tienes que responder con disponibilidad o no en muy pocas horas. Si no tienes la colaboración ya reconocida por parte de la gerencia y centro de trabajo, todo se vuelve muy muy complicado.

En mi caso no me lo pensé dos veces, solo una, tenía claro que quería aprovechar esta oportunidad que se me estaba dando.

 

¿Qué visión tienes ahora de nuestra sociedad tras esta experiencia?

A veces se percibe falta de sensibilización hacia la ayuda humanitaria por parte de nuestra sociedad. Quizá la distancia física y la seguridad que te da haber nacido en una parte privilegiada del mundo, supone una falta de empatía ante las circunstancias vitales e incluso crueles que afectan a otra parte del mundo donde cubrir las necesidades básicas se convierte en un lujo.

¿Animarías a otros profesionales de la sanidad a realizar voluntariados?

Si, por supuesto. Creo que todos los profesionales sanitarios tendríamos que tener una experiencia de ayuda humanitaria al menos una vez en la vida.

 

   

Anunciantes de la actual edición de la revista eSmás:

Scroll to Top