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Entrevista a Julián Benéitez, máximo exponente del albariño

Andrea Abal | revista eSmás O Salnés Nº 2

Trabajó durante veinte años como responsable de la Estación Experimental de Viticultura y Enología de Ribadumia
Entrevista a Julián Benéitez, máximo exponente del albariño

Puede que al mencionar el nombre de Julián Benéitez no todo el mundo lo conozca, pero ha sido uno de los personajes clave, junto a Jesús Requena, en la evolución de la producción de la uva y del vino en las Rías Baixas. Tras veinte años como responsable de la Estación Experimental de Viticultura y Enología de Ribadumia, ahora jubilado, continúa ligado y, sobre todo, interesado en el mundo del vino.

-En primer lugar, cuéntenos cómo se trabaja en esta Estación Experimental de Viticultura y Enología. ¿Qué labores se desarrollan?

Fui responsable de esta estación durante 20 años. Desde que se inició hasta hace dos años, que me he jubilado. Esta estación nació como una necesidad que se detectó en el sector tras percatarnos de que había un problema bastante acuciante: la no disposición de madera para las plantaciones de calidad, sobre todo en el tema del Albariño. Existían plantaciones con muy poquita productividad o con calidad muy mala de uva. Entonces se decidió que era necesario mejorar esta situación, incluida la elaboración del vino.

Se buscaba un centro en el que se pudiera ensayar y mejorar en dos aspectos: por un lado la viticultura, para producir uva de más calidad, y por otro lado la elaboración de vinos de manera que se hicieran mejores y de mayor calidad, por lo tanto serían más competitivos, sobre todo pensando de cara a la exportación. Este centro nació buscando la mejora de la viticultura y la enología, no solo de O Salnés, sino de todas las denominaciones de origen de Galicia, si fuera necesario.

-Entre las diferentes líneas de investigación del centro, está la selección clonal del Albariño. ¿En qué consiste y qué aplicaciones prácticas tiene?

Como comentaba, había un problema bastante grave en cuanto a la selección de madera, es decir, las plantaciones se hacían con la madera conocida como ‘estándar’, recogida de otras plantaciones que no contaban con ningún control sanitario, con las plantas enfermas en el tema de virus que, a la larga, dan o bien uva de mala calidad o de poca producción. Entonces en todas las regiones vitivinícolas del mundo avanzadas se ha hecho lo que se conoce como una selección de las variedades que se ubiquen en esa zona.

A pesar de lo que pueda parecer el nombre, una selección clonal no tiene nada que ver con la manipulación genética, ni nada por el estilo. Simplemente se trata de escoger en el campo las mejores plantas dentro de una serie de baremos (productividad, acidez, perfil alcohólico, grado aromático, etc.). En la Estación de Viticultura de Ribadumia comenzamos marcando el campo, que es la fase inicial, y sacamos 220 clones de Albariño, que se dice pronto. Puede parecer, y de hecho es un número muy grande, marcar 220 clones porque es una variedad que cumple dos facetas por las cuales hay tantos: que es una variedad muy antigua y que tiene mucha variabilidad genética, es decir, muta muy deprisa, muy fácilmente. Entonces por eso hay muchos clones de albariño. Nosotros seleccionamos 220 mediante unos baremos muy sencillos. Tengo que decir que quién más trabajó en esta selección clonal fue una compañera, María Graña Caneiro. Ella fue la encargada y responsable de esta selección clonal.

A estos clones les hicimos un seguimiento en campo en parámetros muy sencillos como la acidez, grado de alcohólico, producción... Y de ahí escogimos 32 y se plantaron en Ribadumia, en una parcela experimental. Primero hubo que injertarlos y allí ya se plantaron los que estaban libres de virus. Mediante unas analíticas, los que dan negativo a una serie de virus (ocho en concreto), los pusimos ahí para su posterior estudio en campo.

 

Este trabajo con los clones duró catorce años. Es un proceso lento porque los resultados tienen que ser buenos. Al final, de estos 32 clones quedaron seleccionados 10 que cumplen unos parámetros de calidad y producción muy buenos y, sobre todo, destacan cuatro sobre los demás con producciones muy altas y una altísima calidad, con puntuaciones muy altas en catas, que es la última fase al abrir una ficha de cada clon. En estas catas participaron más de 30 enólogos de toda la Denominación de Origen y son los que dictaminaron los que eran mejores en cuanto a cata.

Hace ya unos seis o siete años que se acabó la selección clonal y que están las fichas hechas. Por lo que sea no están a disposición del viticultor. En este momento conozco viticultores que tienen plantaciones y que van a Portugal a buscar planta injertada con clones certificados. Todos los clones tienen que tener un certificado. No valen los análisis de laboratorio. Hay que mandarlos a Murcia, donde está el centro de referencia en España, y allí se injertan sobre portainjertos sensibles. Si están libres de virus y si cumplen los requisitos, será certificado.

Actualmente, el viticultor no tiene acceso a ellas. Es más, debo decir que incluso hace dos años se prohibió por parte de la administración dar yemas a los viticultores para que pudieran injertar sus cepas y, por lo tanto mejorar (que es de lo que se trata) lo que hay en este momento. Estoy jubilado pero es penoso que un trabajo que a fin de cuentas se ha pagado entre todos, que está ahí y que es muy bueno y no sirva para mejorar la viticultura.

-Y en cuanto a la uva albariña, ¿cuáles son sus debilidades y sus fortalezas?

El hecho de que la uva albariña tenga la fama que tiene es merecida. El producto final no se trata solamente de la variedad, sino también del clima y del suelo en el que esté ubicada.

En el caso concreto de la uva albariña, se juntan unos factores que suman sus cualidades buenas y el resultado es excelente. Tenemos una variedad que “Creo que la Denominación de Origen está cumpliendo con creces” madura muy bien, con un potencial aromático muy bueno, con una acidez importante (cosa que suele escasear en todas las zonas vitivinícolas del mundo) y un equilibrio bastante bueno de ácidos con relación al alcohol. Además, esta variedad está producida en un clima atlántico donde los veranos suelen ser, o lo eran hasta ahora, muy suaves. Esta temperatura suave hace que la maduración sea lenta, paulatina y que se concentren muchísimo los aromas, sobre todo los varietales, los afrutados y florales que tiene el albariño, en este caso.

El terreno, además, es muy arenoso, de granito descompuesto, arena granítica, con un porcentaje entre un 60 o 70% de arena que hace que los vinos sean muy finos. Es un terreno y un clima no muy apropiado para el vino tinto, porque necesita más cuerpo y estructura, pero bueno para blancos.

-¿Qué papel desempeñó el surgimiento de la Denominación de Origen de las Rías Baixas para esta variedad?

Fue fundamental. Hoy no se entiende ningún vino de calidad que no esté amparado por una denominación de origen. Las DO, la de Rías Baixas lo cumple y lo ha cumplido, tienen dos objetivos. En primer lugar velar por la calidad del producto en todos sus aspectos: desde el cultivo en el campo hasta que se recoge, la elaboración en bodega, que la botellas que salgan al mercado hayan pasado unos controles primero analíticos y después de cata (sin la cual no puede llevar la tirilla que garantiza que es un producto producido en esta zona y que tienen calidad) y en segundo lugar, velar por la promoción del producto. Son los dos pilares fundamentales.

En este caso hay que pensar que más del 50% que se produce en Rías Baixas se exporta al extranjero. Por tanto creo que la DO está cumpliendo con creces. Incluso en este momento hay escasez de uva, lo cual está muy bien porque ha tenido un precio digamos razonable y aceptable para los viticultores, que hasta ahora era bastante bajo. Que haya escasez de uva quiere decir que se está vendiendo muy bien el vino.

-Ampliemos ahora el campo para hablar de los inicios del albariño como vino cuidado. Háblanos de esos inicios. Hay una figura, que es Jesús Requena.

Si me permites te cuento una pequeña anécdota primero. Cuando vine para aquí, en el año 1974, a los pocos meses, estuve en la Extensión Agraria de Vilagarcía, antes estar en el centro de Ribadumia. Vino un agricultor por la oficina que quería plantar albariño. Hablaba del precio, de 35 pesetas de aquella. Me callé, era nuevo y no sabía de que iba el tema. Cuando se fue le dije al compañero: “35 pesetas la arroba de uva es como se paga en el Bierzo, y otras zonas, no tiene mayor importancia”. Y me dijo: “Es que no es la arroba, no son 11 kg y medio. Son 35 pesetas el kilo”.



Y yo pensé: “¿Cómo un kilo de uva de hacer vino van a ser 35 pesetas? Tengo que conocer ese vino”. Y busqué entre lo poquito que había por aquel entonces. Había dos bares, uno en Vilanova de Arousa y otro en Cambados que tenían albariño y lo vendían. E incluso hacían una especie de concurso entre ellos para ver cuál era el mejor vino. Probé aquel vino y, aunque era una elaboración artesana, vi que tenía unas cualidades excepcionales. Entonces hablé con lo que ahora sería el Ministerio de Agricultura en Santiago y les insistí en que había que poner el proyecto de viticultura como trabajo dentro de la oficina y dentro de la zona de O Salnés. Me lo aceptaron y pusieron el proyecto de viticultura en marcha.

 

Por aquel entonces estaba por aquí Jesús Requena, que trabajaba para lo que entonces era el PPO, que sería hoy como el INEM, dando cursos de formación profesional de viticultura. De hecho fue promotor de la primera agrupación que hubo que es Agrupación de cosecheros de albariño de O Salnés, que está en Sisán.

Hablé con él. Lo primero que hicimos fue una especie de inventario. Fuimos a ver cuánto había de albariño y no había nada, solo pequeñas plantaciones. Luego me enteré de que en Portugal había plantaciones. Hicimos una visita a Monçao, a una finca que se llama A Breijoeira, que tenía una plantación grande de albariño de 25 hectáreas en plena producción. La visité, vi cómo era y empezamos a trabajar con viticultores. Fueron a Portugal para ver también lo que había y empezamos a impartir cursos y a trabajar en el tema y la gente empezó a hacer pequeñas plantaciones. Hicimos campos de ensayo con portainjertos y, poco a poco, se empezó. Como todo, se empezó muy lento pero como el producto tenía calidad, tenía mercado y se vendía, fue creciendo.

-Y en cuanto a la evolución contamos con datos muy interesantes. La Denominación de Origen Rías Baixas pasó, entre los años 1987 y 2001, de 492 viticultores a 5.059, de 14 a 161 bodegas y una superficie de viñedo de 237 hectáreas a otra de 2.408. ¿Cómo ha evolucionado la D. O. en estos 30 años?

Actualmente estamos en torno a las 4000 y pico hectáreas ya. Como todo, en los inicios fue muy lento. En su día habíamos hecho unas estadísticas porque aquí había muchísimos híbridos. Un híbrido es un cruce de cepas europeas productora de uva (de vitis vinifera) con vides americanas que no producen. Esto se debe a una plaga llamada filoxera que, intentando que no atacara las raíces, se juntaron cepas y surgieron híbridos. Estos híbridos se implantaron cuando el criterio de calidad del vino no existía como hoy. El vino en ese momento era más bien para quitar la sed que para tomar una copa.

Estos tenían sabia americana y quería decir que eran muy resistentes a enfermedades que venían de América. Había muchísimas hectáreas de híbrido, entonces se hizo una campaña a escala nacional de sustituir híbridos por variedades de calidad. Se llegó a pagar en aquellos tiempos hasta 400 pesetas por cada cepa que se arrancara de híbrido siempre que se sustituyera por variedades buenas. Entonces digamos que este fue el inicio. Ese cambio cuesta y más si no ves las perspectivas claras. Al principio fue muy lento, luego hubo ese tirón y estuvo bastante estable en cuanto a las 3000 hectáreas, que fue cuando el mercado estaba saturado, el precio era alto, y había que abrir nuevos mercados. Afortunadamente se trabajó, y el Consejo y los bodegueros han trabajado muy bien este tema. Así empezaron a venir bodegas de fuera porque consideraron interesante, dentro de su oferta de vinos, el tener uno blanco de calidad. Han aterrizado desde Freixenet, hasta Torres, Ramón Bilbao, etc. Estas bodegas han ayudado a ese impulso y a ese empujón final. Se trata de una evolución natural siempre que estés trabajando seriamente y con un producto de esa calidad.

-La evolución en la Denominación de Origen va de la mano de la evolución de las bodegas, viticultores... De hecho, la Denominación de Origen Rías Baixas acoge desde pequeñas bodegas familiares a grandes cooperativas con cientos de socios. ¿Qué papel desempeña esta singularidad en el desarrollo del albariño?. ¿Supone algún hándicap?

Es un tema complejo. Estamos en el paraíso del minifundio. A veces te encuentras con cosas chocantes porque aparte del minifundio en la tierra también lo hay cerebral. Esta idiosincrasia que tenemos de “yo hago mi vino” ha hecho que haya muchísimas bodegas pequeñas de las cuales un porcentaje muy grande en estos momentos están dadas de baja como actividad. Esas bodegas pequeñas, el potencial que tienen de venta de vino es, en el mejor de los casos, en Galicia. No tienes potencial de venta.

Hay unos mínimos sin los cuales tú no puedes acceder al mercado internacional. Es más, estas 4000 hectáreas en las que estamos, que pueden parecer mucho, es muy poco. No tenemos suficiente potencial para lanzarnos a un gran mercado de verdad. Somos pequeños todavía. Las bodegas pequeñas por supuesto me encantan y adoro probar sus vinos. Tienen un mercado local que lo hay en todas las zonas vitícolas del mundo, no solo aquí. Y creo que debe coexistir con lo otro. Ahora, en una economía de mercado y pensando en el futuro, en crear mano de obra y riqueza, hay que ir con un potencial mucho más grande.

- Para que un vino sea aceptado en la Denominación de Origen admite varias composiciones (y muy distintas entre ellas) de modo que, utilizando las mismas variedades de uva, se obtengan unos sabores y expresiones tan distintos. Háblenos de esto.

La D.O. no es todo albariño, hay vino Rosal, vino Condado, Salnés... Y esto se hace con mezla de variedades. Aquí tenemos más variedades que el albariño, aunque sea el rey (y lo seguirá siendo porque es el que más potencial tiene). Hay otros vinos que salen con mezclas de variedades de uvas, tenemos el loureiro, tenemos la treixadura, el godello... Acogidas también en la D.O. Todo esto permite hacer mezclas de uva aunque el reglamento dice que un vino, el Rosal por ejemplo, tiene que llevar un 80% mínimo de loureiro o albariño y el resto puede ser caíño blanco, treixadura, u otras variedades.

Una mezcla de variedades siempre será mejor teóricamente que un vino monovarietal porque tienes una gama más completa de sabores y olores. Si esta mezcla está muy bien estudiada y no domina una sobre otra crearás un vino más complejo y por lo tanto de más calidad. Por eso es muy difícil hacer siempre el mismo vino. Si yo hago un vino de una sola variedad, el vino será siempre más parecido. Esto conlleva a que el vino sea “Todo lo que sea promocionar a escala mundial un producto, está bien” monovarietal. Hoy en día la tecnología está al alcance de todas las bodegas.Todo lo que se usa en bodegas hoy en día es para sacarle más potencial. Hacen cosas especiales a través de la tecnología: maceraciones frías, carbónicas... Buscando la diferenciación.

El quid de la cuestión es la uva. Tener una uva de mucha calidad y la importancia está en el cuidado de la materia prima de la uva. Lo que hay que buscar quizás es no ir a tanta tecnología (que todo el mundo practica) y buscar tener mejor materia prima. Cuidar más la uva y trabajar más sobre ella.

-Con la evolución llegaron nuevos “productos” como los albariños en barrica, los espumosos de albariño... ¿Qué opinión tiene al respecto?

De cara al mercado es interesante hacer una oferta más amplia. Lo que no puede ser es que tu tengas una red de distribución de un vino y digas: “Tengo este blanco y punto”. Es una oferta más amplia que haces, y entonces siempre tendrás más mercado. Es interesante de cara a ofertar una gama de productos, no ceñirse a uno solo.

-En cuanto a la actualidad, hablemos de la Fiesta del Albariño, que cumplió este año su 65 edición. ¿Qué similitudes y diferencias hay desde sus inicios hasta hoy en día?

Antes era un grupo de amigos que concursaban por el mejor vino. Recuerdo la primera vez que se hizo en plan serio el concurso del albariño con notario. Estuve y sigo estando en contra de dar los premios de esta forma, de que haya un 1o, 2o y 3o premio. El mérito se lo lleva un vino que, si se vuelve a probar, ya no es el mismo. En todas las catas a nivel mundial se dan unos premios de oro. Pueden ser varios, según cuántos lo merezcan.

Por otro lado creo que actualmente sale en la televisión que hay una macro fiesta y sale la palabra albariño. Creo que debería haber otro tipo de montaje para promocionar el vino. Si me dices que es una feria donde hay unos stands, bien montados, con unos sofás y recibes a posibles compradores de vino y posibles distribuidores de otros países, porque se hace promoción para que venga a esa feria y tú hablas con ellos, le ofreces tu producto, haces unas catas... Parece que soy crítico con la historia pero de verdad que me gustaría que fuera una feria donde se promocionara el vino, que viniesen distribuidores y compradores a probar el producto.

-Este es un año especial, ya que Cambados ha sido condecorada como Cidade Europea do Viño. ¿Qué implica esto para un lugar como Cambados y para un vino como el albariño?

Ofrece una repercusión mediática, que la está teniendo, y creo que lo están haciendo bastante bien. Esto es una opinión particular mía. Todo lo que sea promocionar a escala mundial un producto, está bien. Aparte de los temas culturales que conlleve todo esto, en cuanto a la promoción del producto. Quizás este año se podía haber aprovechado para digamos atraer a posibles distribuidores.

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