Redacción revista eSmás | revista eSmás Vilagarcía 51 Invierno 2025
No existen datos precisos sobre la emigración a la República Argentina en el siglo XIX, pero se conocen.....
No existen datos precisos sobre la emigración a la República Argentina en el siglo XIX, pero se conocen algunos barcos que realizaban la ruta y los nombres de sus capitanes. Por ejemplo, en 1843 el bergantín Centinela navegaba desde Carril a Buenos Aires bajo el mando del capitán Miguel Guisande, antecesor del destacado nefrólogo vilagarciano Domingo Sánchez Guisande. Este bergantín transportaba carga y pasajeros, ofreciendo “el mejor trato y buenas comodidades”, aunque advertía que no trasladaría a personas obligadas al servicio militar ni a quienes no contaran con pasaporte.

En la práctica, muchos emigrantes lograban viajar pese a estas restricciones. El capitán Guisande gozaba de buena reputación en la ría por su valor y audacia; incluso se sabe que capturó una goleta inglesa en 1807.
Otro ejemplo es el bergantín Juan, que en 1851 realizaba la misma ruta bajo el mando del capitán José Bandujo, haciendo advertencias similares a las del Centinela. En la misma época se anunciaba el Tigre, conocido no por su honradez sino por trasladar emigrantes en malas condiciones, hasta el extremo de ser retenido por las autoridades argentinas. También los pasajeros del bergantín Peregrina se quejaron de las duras condiciones del viaje, que duraba aproximadamente 55 días.
El coste de estos viajes era elevado: desde Vigo a La Habana se pagaban 45 pesos fuertes si se abonaba en el puerto de embarque y 50 si se hacía en el puerto de destino; el precio hasta Buenos Aires se calculaba de forma aproximada. En muchas expediciones, los emigrantes viajaban en condiciones penosas, con contratos casi de servidumbre. Con la aparición de los vapores en 1850, gestionados por la compañía Vapores del Norte de España y representados por Salvador Buhigas, la travesía se volvió más rápida y cómoda.
Los emigrantes sin pasaporte, que eran numerosos, dependían del capitán del buque, quien podía obligarles a cambiar de nombre, incrementando su dependencia. No obstante, no siempre la tripulación era responsable de las dificultades, ya que algunos viajes eran organizados por empresas argentinas, como Lavallol e Hijos. Su titular, presidente de la Cámara de Senadores y luego gobernador de Buenos Aires, promovió leyes de protección para los emigrantes durante la travesía.

A partir de 1877, aumentó el tráfico hacia Buenos Aires y surgieron grandes consignatarias en Carril-Vilagarcía, como García Reboredo y Buhigas. Que los emigrantes conocieran los problemas del viaje no les impedía partir, especialmente durante las hambrunas gallegas de 1850 y entre 1875 y 1880, cuando “los barcos para América ya no tenían cabida suficiente, ni en bodegas ni en cubierta, para la riada de hombres, mujeres y niños que pretendían huir de los desastres”.
La gran emigración gallega y vilagarciana se intensificó entre 1900 y 1936. En Vilagarcía, el porcentaje de emigrantes con destino a Argentina superaba al del resto de España: mientras que en España oscilaba entre 23 y 66%, en Vilagarcía alcanzaba del 92 al 100%. Las cifras anuales iban desde 819 emigrantes en 1934 hasta 6.905 en 1912.
El gobierno argentino intentó regular la emigración enviando policía a los principales puertos españoles, pero en Galicia estas medidas no se aplicaron y la emigración clandestina continuó. En 1919, representantes de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay se reunieron para establecer un convenio que garantizara la seguridad laboral de los emigrantes y ajustara la corriente migratoria a la capacidad de las industrias locales.
La llegada de alrededor de 1,3 millones de españoles a Argentina ocurrió a lo largo de un siglo (1850-1950), hasta que la emigración fue frenada por la Guerra Civil. Las autoridades argentinas mostraban una clara preferencia por los inmigrantes españoles e italianos. Aunque la prensa incentivaba la ocupación de tierras vírgenes para convertirlas en productivas en el campo, una notable cantidad de estos recién llegados elegía, en cambio, emplearse en comercios ya establecidos o con vínculos familiares.

Este fenómeno refleja tanto las dificultades en Galicia como las oportunidades ofrecidas por Argentina, consolidando un vínculo migratorio que aún se percibe en la población argentina actual. La emigración gallega no solo respondió a necesidades económicas, sino también a la posibilidad de comenzar una nueva vida en un país con oportunidades, dejando una profunda huella histórica y cultural en ambas regiones.
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