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Los riesgos de los punteros láser para la visión

Autor: Dr. Julio Des Diz - Especialista en Oftalmología | revista eSmás Vilagarcía 54 Otoño 2026

Para evitar accidentes es fundamental tratar el puntero láser como una herramienta técnica y nunca como un juguete.
Los riesgos de los punteros láser para la visión

Hablamos con el Doctor Julio Des, especialista en Oftalmología en el Hospital del Salnés, para conocer los peligros de pérdida de visión por los punteros láser.
 

¿Qué posibilidades existen de sufrir una pérdida de visión a causa de un puntero láser?

Las posibilidades de sufrir un daño visual grave son reales cuando el rayo incide directamente en la pupila, afectando a la visión central coordinada por la mácula. Las estructuras transparentes del ojo enfocan el haz como una lente sobre la retina, concentrando toda la energía lumínica. Esto puede provocar fotocoagulación térmica, daño fotoquímico e incluso roturas mecánicas del tejido retiniano. La consecuencia clínica suele ser la aparición de un escotoma central irreversible —una mancha ciega o deformada en el centro del campo visual que impide leer, ver pantallas o distinguir caras—, llegando en casos graves a provocar agujeros maculares o hemorragias que desembocan en ceguera legal.
 

¿Cuánto tiempo debe incidir la luz para causar un riesgo de ceguera?

El tiempo de exposición depende principalmente de la potencia real del dispositivo. En los punteros de baja potencia homologados de Clase 1 o Clase 2 (menores o iguales a 1 milivatio), el reflejo de parpadeo natural, que tarda unos 0,25 segundos, suele ser suficiente para proteger el ojo ante un contacto accidental. Sin embargo, en dispositivos más potentes o etiquetados de forma errónea, como los de Clase 3R, 3B o 4, el daño se genera en fracciones de segundo, quemando la retina antes de que el párpado llegue a cerrarse. Fijar la mirada en el haz de forma continua durante apenas 2 o 3 segundos basta para provocar una quemadura macular definitiva con secuelas permanentes.
 

¿Qué tipos de puntero láser son los más peligrosos?

La peligrosidad viene determinada por varios factores, siendo la potencia el principal. Los dispositivos de Clase 3B (de 5 a 500 milivatios) y Clase 4 (más de 500 milivatios) provocan quemaduras retinianas inmediatas; los de Clase 4 son tan destructivos que pueden lesionar la vista incluso a través de la luz reflejada en una pared. Por otro lado, la longitud de onda o color también influye: los láseres verdes de 532 nanómetros son muy absorbidos por la melanina de la retina, mientras que los azules y violetas manejan densidades de energía extremadamente altas. A esto se suma el riesgo del mercado irregular, donde se comercializan aparatos sin certificación europea etiquetados falsamente como de baja potencia cuando en realidad emiten niveles peligrosos.
 

¿Existe responsabilidad legal si un menor provoca lesiones con un puntero láser?

Sí, el uso de estos dispositivos abarca responsabilidades en distintos ámbitos legales. En el plano civil, el artículo 1903 del Código Civil establece que los padres o tutores deben responder directamente por los daños causados por los menores bajo su guarda, lo que implica abonar indemnizaciones elevadas por gastos médicos y secuelas. En el plano penal, los menores a partir de los 14 años pueden responder ante los Juzgados de Menores por delitos de lesiones imprudentes o dolosas. Además, la Ley de Seguridad Ciudadana contempla sanciones administrativas muy graves, con multas de 30.001 a 600.000 euros, por apuntar con haces de luz a conductores, pilotos de transporte o fuerzas de seguridad.
 

¿Qué pautas se deben seguir para prevenir este peligro?

Para evitar accidentes es fundamental tratar el puntero láser como una herramienta técnica y nunca como un juguete, prohibiendo su uso a los niños y manteniéndolo fuera de su alcance. Al adquirir uno para presentaciones o docencia, se debe comprobar que cuente con el marcado CE y cumpla la norma europea UNE-EN 50689, asegurando que no supere 1 milivatio de potencia. Es conveniente evitar compras en plataformas desreguladas que promocionen haces de gran alcance y cuidar siempre la trayectoria del rayo, evitando dirigirlo a personas, vehículos o superficies reflectantes como espejos o cristales. Si se produce un impacto accidental seguido de visión borrosa, manchas oscuras o destellos, resulta imprescindible acudir de inmediato a urgencias u oftalmología para realizar un examen del fondo de ojo mediante una tomografía de coherencia óptica (OCT).

 

 

 

 

 





 


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