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¿Por qué son necesarias las técnicas de estudio?

Emma Blanco | Revista eSmás Vilagarcía Nº 17

 

Unos hábitos de estudio correctos son la base del éxito
¿Por qué son necesarias las técnicas de estudio?

 

Unos hábitos de estudio correctos son la base del éxito en el rendimiento académico y el mundo laboral ya que permiten que un estudiante supere con brillantez sus estudios sin estar dotado de unas cualidades mentales específicas que lo hagan diferente a los demás. Algunas investigaciones demuestran que la inteligencia y las facultades especiales solo determinan en un 50% el éxito de los estudios y la otra mitad depende del esfuerzo, técnicas de estudio y factores ambientales.

Las técnicas de estudio ayudan al desarrollo cognitivo, la solución de problemas, el autocontrol, la disciplina, la perseverancia, la consecución de objetivos y metas y a la confianza en las capacidades propias. Aun así, el alumnado no solo debe conocerlas, sino saber aplicarlas para conseguir el éxito.

En muchas ocasiones es suficiente con cambiar los viejos hábitos y habituarlo en otros mejores. La falta de hábitos de estudio puede afectar también a niños inteligentes y que fracasen al pasar a la secundaria porque no han desarrollado hábitos correctos al no haberse visto obligados a esforzarse. El hábito de estudio es el primer paso para activar la capacidad de aprender. Gracias a él los alumnos podrán estudiar con menos esfuerzo, sentirse más seguros (refuerzo de la autoestima), desarrollar aptitudes lingü.sticas y cognitivas, aumentas las posibilidades de alto rendimiento escolar o desarrollar la constancias y la perseverancia.

Al enseñar estas técnicas, el alumnado aprende a estudiar eficazmente con un método que cuenta con estrategias para cada una de las fases del estudio. Además, aprenden técnicas de concentración y programación adecuada del tiempo, a trabajar los textos exhaustivamente, emplear técnicas avanzadas del tratamiento de la información, memorizar eficazmente, tomar apuntes correctamente, analizar y sintetizar ideas o repasar de forma creativa y secuenciada.

Existen indicadores para determinar que los hábitos de estudio son incorrectos, como posponer el momento de empezar, distraerse fácilmente en clase, finalizar las sesiones dejando tareas sin hacer, no tener horarios organizados, estudiar con música o la televisión, no hacer una valoración global de las tareas y el tiempo disponible, dejar lo más difícil para el final cuando están cansados o trabajar de manera rápida y chapucera. Tampoco son buenos hábitos memorizar sin pensar ni comprender (ni mostrar interés por hacerlo), no esquematizar ni tener una técnica para preparar los exámenes. Además, los alumnos tienden a ocultar su mal rendimiento tanto al profesorado como a sus padres, lo que les puede provocar sufrimiento.

Los hábitos de estudio deben desarrollarse paulatinamente a partir de 3º y 4º de primaria para que se afiancen al acabar este ciclo y evitar problemas posteriores. Su aplicación debe ser progresiva, flexible, constante y firme, teniendo en cuenta las necesidades de cada alumno.

Esta situación puede ser difícil para algunos padres, al no conocer el método adecuadamente o no disponer de tiempo para poder trabajar todos los días con sus hijos por lo que, si es el caso, es aconsejable dejarlo en mano de profesionales. Aun así, tanto los profesores (que enseñan a aprender), los alumnos (que tienen que aprender a aprender) como las familias (colaborando para que se produzca el aprendizaje) son responsables para que el aprendizaje se alcance de manera satisfactoria.

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