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Saboreando con vistas a La Ría

Sandra Lede | revista eSmás Vilagarcía Nº 1

Crítica al restaurante Plácido
Saboreando con vistas a La Ría

 


Menús especiales de fin de semana que cuidan los bolsillos: tres platos salados y uno dulce, un vino acorde al menú y café. Todo por 25 euros. Imaginen: Tosta de Lacón a feira con queso de Arzúa, Alubias verdinas estofadas con langostinos y chipirones, carrilleras ibéricas en salsa de mencía con patatas asadas, y de postre espuma de arroz con leche. Ahora dejen de imaginar, todo está en el Plácido. Destaca su oferta en vinos, que se despliegan en un amplio abanico de denominaciones de origen : desde un accesible albariño Pazo da Bouciña o Pagos de Araiz, hasta la posibilidad de sumergirnos en la bodega más tradicional y selecta saboreando un Licinia o un Aalto, traído directamente de las orillas del Duero. Cuando tras mi festín el camarero posó frente a mí con elegancia un gin tonic humeante me dí cuenta de que no era el mismo que había llegado hasta allí. Servido como si de un cuadro de Gauguin se tratase, perfectamente coloreado, “dado que no se decidía he optado por servirle un gin tonic de Brecon que hemos convertido en dulce al especiarlo con canela, regaliz natural y anís estrellado…. Si le parece otro día le sirvo un smoothy, nuestro cóctel a base de zumo y leche. ¡Que lo disfrute! ”. “¡Pero si sólo he pedido un gin tonic!”, pensé. Me asusté, y miré por la ventana para verificar que seguía en mi tierra. Aliviado comprobé que sí, y que lo que me regalaba la ría en la lejanía no eran las torres Kio, sino una regata (no sé si de optimist o snipe, no llevaba los prismáticos encima), había bajado la marea y Cortegada seguía exactamente en el mismo sitio. Aprovecharé el sol y me lo tomaré en la terraza. Sorprendente, así es el Plácido, donde esa tapa de pulpo de toda la vida (irrepetible), puede convertirse sin miramientos en pulpo a la plancha con espuma de patata. Y cuánto se agradece en estos tiempos que le saquen a uno de golpe de la cotidianeidad. Pruébenlo, les aseguro que no se arrepentirán. Y repetirán, seguro.


Tras un largo y clarificador paseo con la brisa y el aroma a ría por montera, decidí por fin hacer caso al consejo de un amigo, con un gusto muy acertado para la cocina y comprobar si era cierto lo que me había contado. Frente a mí, el Hotel Carril, a pie de ría, 29 habitaciones, cuatro estrellas. Diseño minimalista, de corte moderno, muy poco común en la zona. En su interior, el genuino restaurante Plácido, nombre que rememora al insigne humanista Plácido Castro, lleva sorprendiendo con su oferta culinaria desde que abrió sus puertas en el verano del 2007. A los fogones y llevando la batuta, Carmen Lede, nieta del intelectual, acompañada magistralmente por su metre, Rafael Baya, una guía gastronómica andante, que te lleva de la mano hacia los manjares más terrenales si uno se pone en plan indeciso. Completan esta máquina de engranaje gastronómico integrando a la perfección cocina, bodega y coctelería internacional: Susana, Raquel e Irene. En su amplio comedor, se ocupan de que la estancia resulte placentera : Salah, Nacho y Ana. La premisa del lugar: un desparrame de gastronomía tradicional y sabores autóctonos, aderezados con un toque de cocina innovadora a precios muy accesibles. Con esa máxima abrieron sus puertas y con ella continúan. En cuanto a los manjares hay de todo, carnes todo el año, y la especialidad en caza y setas, si es temporada. Para los amantes del pescado, lo más fresco de la especie se cocina en estos fogones, pegados a la ría.

 

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