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San Xenxo de Padriñán

Autora: Aldana Fernández Cambas - Graduada en Historia del Arte | revista eSmás O Salnés 37 Verano 2026

La capilla conserva la sobriedad característica de numerosas construcciones religiosas gallegas de los siglos XVI y XVI
San Xenxo de Padriñán

En pleno casco histórico de Sanxenxo se alza esta pequeña iglesia, uno de los edificios religiosos más singulares del municipio. Aunque su aspecto exterior transmite la sencillez propia de muchas construcciones religiosas gallegas de la Edad Moderna, su interior alberga un valioso conjunto artístico que permite recorrer varios siglos de historia, devoción y tradición local. 

La fachada occidental concentra algunos de los elementos más representativos del edificio. Sobre la puerta principal destaca una imagen pétrea de la Virgen con el Niño, coronada por una singular aureola con forma de vieira, símbolo ligado a Galicia y a la tradición jacobea. Por encima de la escultura se abre un pequeño rosetón de piedra que ilumina el interior del templo. A la izquierda se eleva la torre campanario, cuya construcción, según indica una inscripción en su acceso, comenzó en el año 1700. Para su levantamiento se empleó piedra procedente de las canteras de Chancelas, en Poio, transportada hasta Sanxenxo, se dice, por vía marítima. 

Desde el punto de vista arquitectónico, la capilla conserva la sobriedad característica de numerosas construcciones religiosas gallegas de los siglos XVI y XVII. Su fábrica de granito y la simplicidad de las líneas exteriores reflejan una arquitectura concebida fundamentalmente para el culto y la devoción popular, más preocupada por la funcionalidad que por la ostentación monumental. No obstante, la riqueza artística de algunos de sus elementos interiores convierte al edificio en una pieza destacada dentro del patrimonio histórico de Sanxenxo. 

A diferencia de las grandes iglesias, la capilla presenta un interior sencillo y de reducidas dimensiones, organizado en una única nave rectangular. Su techumbre de madera descansa sobre sólidos arcos de piedra que recorren el espacio y dirigen la mirada hacia la cabecera, donde se sitúa el altar mayor. Esta parte del templo, más estrecha que la nave, con una cubierta de mayor complejidad decorativa, con una bóveda de crucería estrellada.

Uno de los principales atractivos del interior es el conjunto de cinco retablos barrocos que se conservan en el templo. Entre ellos destacan el retablo dedicado a la Virgen del Rosario y el retablo mayor, presidido por San Ginés de Arlés, patrón de la parroquia. Completan el conjunto el retablo de la Virgen del Carmen y los situados a ambos lados de la nave: la capilla de San José, en el muro norte, y la capilla de la Purificación, en el muro sur. Estas obras reflejan la importancia que la decoración barroca tuvo en la renovación de los espacios religiosos gallegos durante los siglos XVII y XVIII. 

 

 

 

 

 

 

 


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