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Santiago... no se acaba nunca

J.Juan | revista eSmás Santiago Nº 2

 

Llegas a Bonaval y subes de terraza en terraza oliendo el perfume de gigantescas tuyas y sí, hay algo toscano en el ambiente
Santiago... no se acaba nunca
 
Es cierto, Enrique, París no se acaba nunca, pero Santiago tampoco. Eso fue lo que pensé hace unos años, cuando tomé esta foto desde una de las ventanas de la antigua sede del Banco de Olimpo Pérez, en la Plaza de Cervantes.
Y es que, después de tantos años y de tanto icono, solo hace falta un ligero cambio de enfoque y... voilà! Catedral nueva. Jaipur... Angkor...
Luego, otra vez en la Plaza de Cervantes, te fijas bien en el soportal y sus tremendos faroles y recuerdas así, a lo Proust, la elegancia acogedora que sentiste paseando por Praga.
Prosigues el paseo. Te encaminas desde la Plaza de la Quintana hacia Platerías y te encuentras a una persona que brilla sobre todas las demás. Lleva una barba muy larga. Una barba muy larga, collares y una falda color azafrán.
Es como un destello, allí, sobre tanta monocromía. Y está tocando un sitar. Miras hacia arriba y allí te encuentras con la Torre del Tesoro; parece ser que su creador se inspiró en el Mausoleo de Halicarnaso, en Mesopotamia. ¿Hace falta que haga una analogía?
Y pasas por la Rúa Nova y algunas de las casas, precisamente esas encaladas que están hacia la mitad de la calle, te hacen sentirte dentro de un cuento de Boccaccio.
Miras al interior de un portal y se te ocurre que sería un buen escenario par un biopic sobre Torquemada, sin necesidad de cambiarle nada.
Más tarde atraviesas el arco de Mazarelos con la imaginación disparada y acabas en Toledo, por ejemplo. Pasas ante la Facultad de Historia y te parece que quedaría muy bien unos cuantos en la escalera vestidos con péplum y coronas de laurel en sus cabezas. Llegas a Bonaval y subes de terraza en terraza oliendo el perfume de las gigantescas tuyas y sí, hay algo toscano en el ambiente, será por los cipreses apuntando a los aviones, será por los caminos de tierra calentados al sol, yo que sé.
Así pasas el día, teletransportado. Porque es una ciudad pequeña que es muchas; no se acaba nunca.

 
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