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Un Tesoro bajo la Catedral

Adrián Gondar | revista eSmás Santiago Nº 1

Las piezas encontradas en los subterráneos de la Catedral de Santiago resumen casi un milenio de historia de la ciudad y ofrecen pruebas físicas del paso del pueblo romano por Compostela
Un Tesoro bajo la Catedral
 
Quién iba a decir que el gran tesoro de Santiago no sería el edificio religioso que hace recorrer miles de kilómetros a tanta gente venida desde todos los rincones del mundo. Durante más de un milenio, restos de valor histórico quedaron enterrados en su interior. Cuando se hicieron públicos los hallazgos del sótano de la Catedral de Santiago de Compostela, el propio entonces  deán Jose María Díaz reconocía que los restos ni confirmaban ni desmentían la leyenda alrededor del cadáver de Santiago Apóstol que ha convertido a la capital gallega en objetivo de peregrinación.
Sin embargo, cuestiones de fe aparte, la excavación comenzaba en 1946 por Manuel Chamoso Lamas -y cuyos resultados han permanecido a puerta cerrada hasta 2011- sí aporta pruebas considerables de la historia de la ciudad, desde restos de templos y fortificaciones hasta una necrópolis que supone una de las pocas pruebas materiales de la estancia del pueblo romano en Compostela.

El cementerio enterrado
Tal es el estado de conservación de los cadáveres, a consecuencia de la fosilización, que las visitas guiadas a este espacio han tenido que ser reservadas a mayores de 13 años. Sin duda, la presencia más llamativa encontrada allí es la del obispo de Iria Flavia, Teodomiro. Él fue artífice de confirmar, allá por el año 813, que los restos que el ermitaño Pelayo había encontrado en el monte pertenecían a Santiago Apóstol y sus discípulos Atanasio y Teodoro. En la actualidad, su sepultura se exhibe en el interior de la Catedral, al igual que las principales piezas encontradas, que se hallan esparcidas por el templo y por el Museo que alberga la entidad eclesiástica.
A falta de que algún Papa se digne a autorizar la apertura del arca de plata que contiene los restos en torno a los que se ha construido el culto -y así confirmar si, en efecto, se trata del Patrón de Galicia y de España-, Teodomiro seguirá siendo el mayor hallazgo teológico del templo compostelano. Pero el obispo no se encontraba solo cuando los arqueólogos se pusieron manos a la obra: más de 100 laudes, las lápidas que cierran la sepultura, confirman la existencia de un cementerio romano que se extendió hasta la época sueva y que fue enterrado poco antes del descubrimiento de los restos apostólicos. De los romanos, además de la citada necrópolis, únicamente se conservan los restos de unas termas, pero junto con los castros ubicados a lo largo de la comarca, estos descubrimientos han servido para confirmar la tesis de la fuerte romanización que vivió la ciudad que se acabaría convirtiendo en Santiago de Compostela.

Por los siglos de los siglos
Hasta antes de comenzar la exploración, cualquier referencia compostelana anterior al descubrimiento de Apóstol era casi una cuestión de leyenda más que de evidencia física. "No hay más recursos que la toponimia y la arqueología", declarará el anterior deán de la Catedral a este respecto. Gracias a la publicación de los descubrimientos de esta acción, ahora podemos ver con nuestros propios ojos los restos de la muralla que rodeaba el pequeño burgo que era la ciudad entonces. Y, por si no fuese suficiente, pegados a ellos también aparecen los cimientos de una torre de defensa que don Cresconio, obispo de Iria Flavia como lo había sido antes Teodomiro, mandó construir sobre otra torre anterior, concretamente del siglo IX.
Además, vestigios de los que habían sido los principales templos anteriores a la construcción de la Catedral que conocemos hoy en día. Se trata de dos basílicas, la primera de ellas construida por orden del rey Alfonso II, según cuenta la leyenda, que suponen las primeras muestras arquitectónicas del culto a Santiago Apóstol. Bajo el reinado de Alfonso III, y en pleno año 899, esta pequeña basílica ya había sido sustituida por otra más grande y moderna, en un tiempo en el que la peregrinación ya se había extendido, y su monumentalidad no era suficiente para dar muestra del fenómeno que comenzaba a suponer. Puestos a echar por tierra leyendas, tales como la de la propia existencia de Teodomiro, los hallazgos de esta expedición a

El templo derribado
Puestos a echar por tierra leyendas, tales como la de la propia existencia de Teodomiro, los hallazgos de esta expedición de mediados del siglo XX también han servido para demostrar la teoría del impacto del ataque liderado por el caudillo del Califato de Córdoba, Almanzor. Mientras que la tradición sugería el robo de sus campanas, transportadas desde Compostela hasta Córdoba por los prisioneros cristianos, ahora se conoce que su razia se ejerció con violencia. Gracias a San Pedro de Mezonzo, los restos de Santiago el Mayor, fueron salvados de la quema.
El furor militar en la cruzada contra el cristianismo no derivó, ni mucho menos, en un abandono de la fe por parte del pueblo santiagués, ya que es en esta ofensiva donde tiene origen la majestuosa Catedral que conocemos hoy en día. Primero, reconstruyendo el templo que este había derribado en un tiempo récord: solamente 50 años. Más tarde, concretamente desde el año 1112, esta fue engullida por la construcción romana que preside la Praza do Obradoiro.
Hace ahora tres años que se abrieron las puertas del sótano al público. Se mantuvieron casi en secreto durante más de medio siglo debido a la dificultad del acceso, por una parte, y al "morbo" que suponía ver esqueletos en tumbas abiertas, por otro. Por la primera razón, la Catedral organiza hay en día visitas para un grupo de máximo 12 personas cada jornada. Asistiendo a ellas  se pueden observar y entender las distintas funciones que tuvo el espacio que esta ocupa a lo largo de la historia: un mausoleo romano reconvertido en necrópolis sueva, que acabó tornando en una pequeña iglesia que creció hasta el punto de convertirse en el mayor punto de peregrinaje que conoce el continente europeo.


 

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